DALOS COLATERALES

Ante esta producción sistematizada de violencia como forma para la reproducción del capitalismo, hablamos de violencia sistémica, violencia enraizada en las bases del sistema mismo, y que por ende, se ve normalizada, la observamos como natural, como el estado de las cosas por sí mismo, y en efecto, se vuelve invisible (Zizek, 2009
¿Es posible historizar el fracaso? ¿A la distancia el fracaso no se presenta más como absurdo? ¿Supone ideas dialécticas hablar de fracaso cuando revisamos un sistema que aun pervive? ¿Cuáles son sus daños colaterales?
El propósito es indagar cómo el éxito/fracaso de las políticas neoliberales se hacen visibles en las historias, individuos y espacios de una Ciudad. Intentar coordinar una serie de elementos dentro de un sistema, articulando unos con otros, buscando establecer nuevas relaciones entre el presente, pasado y futuro de dichos materiales que lo conforman.
El propósito es indagar cómo el éxito/fracaso de las políticas neoliberales se hacen visibles en las historias, individuos y espacios de una Ciudad. Intentar coordinar una serie de elementos dentro de un sistema, articulando unos con otros, buscando establecer nuevas relaciones entre el presente, pasado y futuro de dichos materiales que lo conforman.
Lo que para un sistema fue éxito para la mayoría de sus involucrados significó fracaso. El fracaso de un sistema que se resiste a desaparecer pese a las pruebas de sus derrotas, demostrando las diferentes relaciones estructurales entre las partes y el todo. Esos involucrados, esos habitantes sólo son daños colaterales en el tránsito de un sistema capitalista, neoliberal.
Esto se puede ver en cómo se ha organizado y estructurado el territorio bajo el modelo neoliberal y cómo esto ha determinado las relaciones sociales y abandonado ideologías de lo común hacia una apuesta por lo individual y el mercado que desde mediados de los ochentas se ha venido gestando, arrojando y “avanzando” sin freno.

BURBUJA INMOBILIARIA / RACIONALIDAD INSTRUMENTAL EGOCÉNTRICA / LA ECONOMIA ES EL MÉTODO, EL OBJETIVO ES CAMBIAR EL ALMA / REINO DE LA LIBERTAD cristal, madera y metal 10×6 cm
COLATERAL I
Edificios nacidos en los años noventa y desde entonces albergado a una o más empresas-discursos neoliberales en constate flujo dentro de los mismos espacios arquitectónicos.
La decisión de trabajar sobre estas formas, así como sobre su “vacío” siempre dispuesto a llenarse de nuevos nombres que reafirman el mismo discurso, fueron el motor para realizar esculturas que resaltarán dichas características. Para después fotografiarlas, igual que a un producto hecho de manera infinita, listo para incluirse al mercado. Dichas esculturas remiten también a los empaques de productos que de manera masiva se distribuyen. Una vez abierto el empaque, queda ese material casi invisible, pero con la forma perenne del producto que nombra, es decir, un discurso acuñado previamente para que su contenido se moldee a él cuantas veces sea necesario.
Colateral II / World Trade Center / Hotel de México 2022 Fotografía digital 60 x 50 cm / Modelo a escala 45 x 32 x 7 cm
Colateral II / Coorporativo CityBanamex 2022 Fotografía digital 60 x 50 cm / Modelo a escala 45 x 18 x 22 cm
Colateral II / Reforma 265 Oficina Binacional de Inteligencia 2022 Fotografía digital 60 x 50 cm / Modelo a escala 35 x 16 x 14 cm
Resulta sobresaliente cómo sus formas y líneas arquitectónicas anulan todo carácter sensual asociado a lo barroco. Es decir, niegan lo barroco como símbolo de resistencia anticolonial.
PRIVATIZA UNA VEZ Y TENDRÁS UN MILLONARIO, PRIVATIZA MIL VECES Y TENDRÁS UN MILLÓN DE POBRES.
La pieza confronta dos imaginarios urbanos surgidos de manera simultánea en la década de los noventa: por un lado, las siluetas de edificios corporativos que redefinieron el perfil de la ciudad bajo las promesas de modernidad y crecimiento económico; por otro, fragmentos fotográficos de Valle de Chalco Solidaridad, una ciudad levantada en obra negra, marcada por la precariedad y la autoconstrucción. Impresas en espejo, las arquitecturas corporativas funcionan como superficies reflectantes y espectrales que contienen en su interior los rastros de aquello que el discurso del progreso invisibiliza. La obra propone una lectura de los daños colaterales del neoliberalismo urbano, donde el ascenso vertical de ciertos sectores de la ciudad ocurre de manera paralela al desplazamiento, abandono y fragilidad de otros territorios.
COLATERAL II
Programa Nacional de Solidaridad
Siendo este un programa social (liberalismo social, así llamado por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.) que promovía el trabajo comunitario y parcialmente apoyado por el Estado, resultó ser un programa que marco ritmos de trabajo colectivos por proyectos, es decir, sin generar un entramado social sólido que eventualmente siguiera trabajando por y desde sus comunidades. Esta es una de las características que aunadas al abandono de dichos proyectos me parece es una pauta para reconocer y nombrar la idea de “la colectividad neoliberal”
MONUMENTO SOLIDARIDAD NUEVO LEÓN Carretera Monterrey-Laredo
MONUMENTO SOLIDARIDAD Chihuahua, Carretera Gómez Palacio – Chihuahuata
MONUMENTO SOLIDARIDAD VERACRUZ Carretera Cordoba – Veracruz
MONUMENTO SOLIDARIDAD TEXCOCO Carretera Ciudad de México – Texcoco
MONUMENTO SOLIDARIDAD QUERETARO Carretera Ciudad de México – Queretaro
MONUMENTO SOLIDARIDAD DURANGO Carretera Torreón – Saltillo
MONUMENTO SOLIDARIDAD DURANGO Gómez Torreón – Durango
MONUMENTO SOLIDARIDAD Michoacan Carretera Morelia-Guadalajara
MONUMENTO SOLIDARIDAD GUERRERO Carretera Ciudad de México – Acapulco
MONUMENTO SOLIDARIDAD NUEVO LEÓN Carretera Monterrey – Cadereita
Cianotipia en cristal 28 x 18 cm
BAÑO DE PUEBLO PARA LAVARSE LA CARA .
Modelo a escala de Monumentos Solidaridad. Serie de 100 jabones.
Glicerina y carbón activado. 9x6x6 cm
LAS RUINAS DEL PROGRESO .
El nombre de Valle de Chalco Solidaridad, nació en el año 1994, cuando el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari lo nombró para hacer referencia al programa social más importante de su administración. En el Pacto Nacional de Solidaridad se vieron reflejados en el Municipio de Valle de Chalco Solidaridad, donde incluso Carlos Salinas durmió para resaltar su compromiso con los pobres.
Con el Programa conocido como Solidaridad el Estado se retiró de numerosas funciones y actividades que venía cumpliendo en la economía nacional, como la regulación de los precios de los productos básicos y la intervención directa en diversas ramas de la producción. Ahora realiza acciones que favorecen la reorientación productiva, la concentración de la riqueza y de los recursos a escalas adecuadas para garantizar la rentabilidad del capital transnacional. Esta transformación del Estado iniciada desde principios de la década de los ochenta, ha incluido la reducción del gasto público, la venta de las paraestatales y la transferencia o concesión de tareas a las empresas privadas y a quienes demandan servicios y apoyos para mejorar sus condiciones de vida.
Dibujos sobre Hollin y espejo
En los orígenes de la fotografía surge el Cliché – Verré, técnica que por su característica “inasible” me pareció idóneo para sobre él realizar los dibujos-signos de mis procesos durante el proyecto.
Consiste en “ahumar” el espejo (en su origen se usaba cristal traslucido) y sobre el hollin hacer los trazos que permiten visualizar el brillo y reflejo del espejo que fue cubierto por hollin. Su extrema fragilidad, la oscuridad aterciopelada y el contundente brillo del espejo me permiten continuar con materiales y códigos estéticos congruentes con el tema.

JABONES BIO-MERITOCRÁTICOS
Con la intención de subrayar el acoplamiento que a este sistema de una u otra manera vivimos, realicé tres jabones que en un acto lúdico señalan nuestra participación en las políticas neoliberales
Una de las más evidentes muestras de como las políticas neoliberales se han apropiado de nuestra cotidianeidad, de tal manera que ya no logramos identificarlas, son los ejercicios meritocráticos. Todos ellos encausados a una lucha incansable por pertenecer a un sistema económico y de “éxito”. Para al mismo tiempo desligarnos de los costos sociales y económicos que ello tiene. Asociamos lavar dinero a un universo puramente ilegal cuando los estudios muestran que mayormente lo ejercen bancos y financieras y no solamente los negocios nacidos del crimen organizado. Incluimos en nuestra vida la idea de decretar abundancia monetaria que nos permita incluirnos en un mercado cada día más exigente y al mismo tiempo más voraz con los más desfavorecidos, y de ese costo preferimos lavarnos las manos.



COLATERAL III
Mujeres Multinivel
Ellas son la paradoja hecha cuerpo: sostienen la estabilidad financiera (Banco de México, 2023) mientras operan en sus márgenes. Cuatro millones de mujeres en ventas multinivel (80% del sector) tejen una doble trama: reproducen el capital y, a la vez, lo fisuran con economías afectivas que escapan a sus lógicas.
Esta serie las retrata en cobre —metal privatizado en los 90, hoy fetiche de exclusión—. Cada placa de heliograbado es un acto de alquimia: convierte rostros anónimos en monumentos. Nada aquí es neutro: las placas materializan su contradicción, mientras el video funge como cédula polifonica, sin ilustrar, buscando complicar la mirada.
No se trata de celebrar su resiliencia, sino de mapear cómo su práctica es un campo de batalla: donde el capital captura sus cuerpos pero ellas, en acto, reivindican la deuda como territorio de lucha.










Las piezas parten de las gráficas contenidas en los Informes de Estabilidad Financiera publicados por el Banco de México, específicamente de los índices IMOR relacionados con la morosidad en pagos de tarjetas de crédito. Traducidas a abstracciones en repujado sobre cobre amarillado, estas visualizaciones revelan no solo el comportamiento de la deuda, sino también las profundas diferencias de género que atraviesan la economía cotidiana. Mientras las estadísticas suelen asociar el endeudamiento con el fracaso financiero, los datos muestran que son las mujeres quienes presentan menores índices de morosidad y cuyos créditos están destinados, en gran medida, al sostenimiento de la vida diaria: alimentos, cuidados y necesidades básicas. El cobre —material históricamente ligado a los circuitos del capital, la extracción y las promesas del progreso neoliberal— reaparece aquí como una superficie sensible donde la violencia abstracta de los sistemas financieros se convierte en huella material, revelando las economías invisibles que sostienen la vida contemporánea.



RODRIGO PARRINI
CDMX 2026
El efecto es el método
Daños colaterales es un recorrido por la arquitectura, colosal e íntima, del neoliberalismo en México. Expone fotografías de grandes monumentos y traza una microfísica de la experiencia de las trabajadoras que realizan ventas por su cuenta. Retrata los muros de una colonia periférica y las gráficas del Banco de México. Se detiene en los detalles y crea paisajes. La exposición se organiza en torno a una famosa frase de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher: “La economía es el método. El objetivo es cambiar el alma.” Aún vivimos los efectos de ese dictum imperial, pero el trabajo de Nirvana Paz transita sobre sus ruinas: ideológicas, materiales, subjetivas y políticas.
En sus intervenciones, el neoliberalismo parece más una anestesia que un estimulante, algo que retarda en vez de acelerar, un infinito ritual para adelgazar más que un complejo movimiento político y económico. Si bien se le ha leído como un corte en la historia del que todavía mana sangre, podemos imaginarlo, también, como un encantamiento pospuesto que aún no logra su propósito y, a pesar de su fracaso, no se difumina.
La pesada arquitectura que celebraba el Programa Nacional de Solidaridad del sexenio 1988-1994, y que ocupó algunos puntos de las carreteras del país, tuvo la forma de un acto de magia (brujería capitalista, Stengers y Pignarre dixit) más que la de un proyecto arquitectónico, como si los gestores del cambio histórico quisieran protegerse de sus efectos. La intuición de Nirvana la lleva a elaborar objetos para realizar dos actos: jabones para purificar y esferas para ver el futuro. En sus materiales se percibe una insistencia en la transparencia: edificios, leyes e instituciones ad hoc parecen develar la densa oscuridad que propician.
El neoliberalismo trata de borrar sus consecuencias o de pulir su carácter con los gestos más clásicos del pensamiento mágico: invertir y oponer. ¿Son las fotografías y los otros objetos de la exposición un recorrido por esa brujería mercantil? La artista intuye que debe replicar los procedimientos estéticos para develarlos, profundizando su nitidez y luminosidad. Es inquietante pensar que, así como se privilegia la transparencia, aumenta la paranoia, quizás el estado anímico y afectivo contemporáneo más importante. Ya no se trata del Estado profundo (deep state) sino de otro casi epidérmico, no de guerras sucias sino de violencias limpias, como garantizarían los jabones de la muestra.
La exposición intuye y sigue una redistribución de lo visible y lo cognoscible. Los secretos ya no se esconden en los archivos sino en las superficies: los edificios transparentes, los enormes monolitos, los gráficos o los informes públicos. Si fuera así, pensemos la exposición como otra consecuencia de las modificaciones introducidas por un régimen visual y de saber: las fotografías son manifestaciones de una inocencia estética antes que de una sospecha política.
La paranoia presume que lo visible encubre algo que no conocemos o guarda algo que no vemos y se rebela ante esa inconsistencia. En cambio, la exposición supone que los efectos del neoliberalismo están esculpidos en los paisajes con tanta fuerza como en las “almas”. Se crea, así, lo que Hakim Bey llama topósfera, una atmósfera de lugares, espacios y sitios en distintas escalas: las paredes descascaradas de una casa en la colonia Solidaridad, del Valle de Chalco; el rostro de las mujeres que han trabajado como vendedoras independientes; pequeñas réplicas de los grandes monolitos que celebraban el Programa Nacional de Solidaridad. Esas imágenes están ahí, expuestas en una especie de intemperie sin culpa, como si el tiempo se cifrara en los ojos que las contemplan antes que con sus propias materialidades.
Daños colaterales plantea un giro en el que los efectos que intenta discernir se dispersan entre sus espectadores, como si los efectos que auguraba Thatcher ya hubiesen cuajado y ellos mismos fueran el método: de mirar, de comprender y, quizás también, de vivir.
El esplendor y la ruina
¿De qué manera esos laberintos morales y narrativos, ese sottovoce del cuerpo y la imaginación, pueden construir una materialidad y una visualidad que nos afecte y que nos anuncie los efectos de un proyecto histórico? Cuando los gobiernos neoliberales crearon un tipo de arquitectura estatal, en la que los logros económicos correspondían con las alturas de los monumentos o con la extensión de las nuevas colonias, estaban afirmando tanto la novedad de sus propósitos como la temporalidad de sus intenciones, como si el proyecto neoliberal contuviera algo del tiempo de las pirámides, una especie de eternidad en inmediato deterioro. En ese intervalo, se despliegan el esplendor y la ruina. Y ninguno ha dejado de suceder, como si el brillo dependiera de la tonalidad grisácea de los paisajes y las ruinas de la transparencia sólida de los edificios. Esplendor ruinoso, ruinas esplendorosas. La luz juega con la historia.
Las fotografías y los objetos de la exposición oscilan entre dos materialidades y dos estéticas. Por un lado, los objetos están hechos de materiales sólidos: metal, cristal o plástico. Pero las fotos, muestran construcciones de concreto roídas, descascaradas. Si en los objetos priman las transparencias y los reflejos, en las fotos lo hace una oscuridad paulatina que cubre los monumentos y las casas, también a las personas. La exposición resguarda, así, dos trayectos históricos: el esplendor de la instauración neoliberal y las ruinas de su memoria material. En ese sentido, en las salas se traza una tensión visual y encarnada entre las manifestaciones triunfales del neoliberalismo y su detritus. Esto opera como una lección moral, por así llamarla, que destaca los efectos de una hybris histórica en la que la ambición y la codicia cubrieron el horizonte del deseo como las disposiciones sensitivas y corporales más relevantes.
Un tiempo atado
En noviembre del 2025, la fotógrafa le dio una visita guiada a un grupo de estudiantes de licenciatura de la UAM Xochimilco. Mientras Nirvana iba explicando los distintos espacios y los objetos también tuvo que relatar la historia del neoliberalismo a personas que nacieron durante la primera década de este siglo. Personajes, acontecimientos o lugares que, de alguna manera, se daban por sentado, había que explicarlos. Los visitantes no estaban fuera de esta historia, sino demasiado dentro: habían nacido durante del neoliberalismo y aquello que para Nirvana era historia, para ellos era solo sentido común.
En esa visita emergió un anacronismo vívido, como si el tiempo no hubiese pasado sino transformado en un presente continuo, como el que Frederic Jameson identifica con el capitalismo tardío. La artista actuaba como una narradora que tenía que conectar los hechos con las memorias, los efectos con sus causas probables. Las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado parecían muy lejanas. La propia exposición muestra una caducidad generalizada. Pero, desde otra perspectiva, esos objetos, esas imágenes, conservaban una fuerza de interpelación que iba más allá de su localización histórica o su relato, para configurar el presente como un tiempo atado.
¿El pasado era aquello que la fotógrafa explicaba o el desconocimiento de los visitantes?, ¿dónde se jugaban los efectos?, ¿en la novedad de los edificios o en la precariedad de las subjetividades que los contemplaban, totalmente dentro, pero también fuera?
En ese momento, cuando constatamos que eran necesario contar la historia para entender el presente más inmediato, tuve la sensación de que nosotros mismos éramos piezas de la exposición: algunos como testigos, otros como oyentes. La mutación histórica que Nirvana explora estaba encarnada en sus espectadores, pero no como una ruptura o un saber pospuesto, sino como una profundidad indetectable. Allí se hacía perceptible el dictum de Thatcher, cuando los efectos se esconden como ausencia o como hiato.
Tal vez es demasiado pronto para cantar victoria y anunciar que el neoliberalismo ha terminado. Quizás solo se ha vuelto imperceptible, aún más transparente o esplendoroso. Es necesario preguntarse cómo se podría desatar el tiempo, porque de alguna manera de trata de devolverle al presente su carácter inédito, inesperado, oscuro e inestable


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